Azarquiel

GENIOS DE LA CIENCIA

Azarquiel

Y el Cincelador de Estrellas.

ARCHIVO RECUPERADO

Y el Cincelador de Estrellas.

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“Y el más sabio de todos en la ciencia de los movimientos de los astros y de la constitución de las esferas es Abu Ishaq Ibrahim b. Yahya, el cincelador, el conocido por el hijo de Zarquel; él es el más eminente entre la gente de nuestro tiempo en las observaciones astronómicas y en la ciencia de la estructura de las esferas y en el cálculo de sus movimientos, y es el más sabio de todos ellos en la ciencia de las tablas astronómicas y en la invención de instrumentos para la observación de los astros.”

Estas son las palabras con que el cadí Ibn Said se refiere a Azarquiel. Nosotros no sólo estamos en pleno acuerdo, si no que extendemos estas calificaciones a los días de hoy. Azarquiel es, en nuestra opinión, por su enorme poderío creativo, el mayor astrónomo español de todos los tiempos. Nació probablemente en el año 1030 en Toledo y murió en Córdoba, en día 15 de Octubre de 1100.

No hay muchos datos relativos a su vida y entre los pocos que hay, se detecta una tendencia errónea a atribuir a Córdoba su lugar de nacimiento. Sin embargo, hay signos seguros de que nació realmente en Toledo. Según Ibn al-Abbar: Ibrahim ibn Yahya al-Naqqas, natural de Toledo, conocido con el nombre de Ibn al-zarquellu y con la kunya de Abu Ishaq….

Aparte de las citas puramente científicas, encontramos una reveladora mini biografía de Azarquiel en la obra de Ishaq Israeli que dice lo siguiente:

Azarquiel al principio no era más que un hábil artista o forjador en hierro o metal y que trabajaba en la confección de los instrumentos astronómicos que le encomendaban los sabios musulmanes y judíos de la ciudad de Toledo, a la cabeza de los cuales estaba Ibn Said, verdadero mecenas por su generosidad protectora. Nuestro Azarquiel sorprendió a aquellos sabios – a las órdenes de los cuales trabajaba – por su gran destreza e ingenio en la construcción de los instrumentos que le encargaban, y más por deberlo tan sólo a sus dotes naturales, pues no tenía ninguna preparación científica. Visto lo cual se le facilitaron a Azarquiel las obras de los antiguos autores, las que con gran facilidad se asimiló, de modo que ya en adelante no sólo pudo construir muy exactamente los instrumentos que se le encomendaban, sino que aún hizo otros que a aquellos primeros sabios no se les hubiera ocurrido. De esta manera, Azarquiel se convirtió casi en maestro de aquella sociedad de sabios de Toledo, con los cuales durante muchos años continuó observando los movimientos astronómicos.

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